El origen del concurso de paellas.
El año 1975, siendo clavarios de la Virgen del Olivar la peña Valor y la peña Rius, se convocó el primer concurso popular de paellas el último sábado de agosto. Aquel día participaron unas 13 peñas y cada una nos obsequió con una paella.
A partir de la primera convocatoria, el alcalde de aquel año, Martín Llácer Martínez, junto a José Martínez Montesa, Vicente Lino Andreu y la Junta Central de Peñas empezaron a reunirse para celebrar el concurso de paellas.
Las peñas que participaron en aquellos primeros momentos fueron: la peña La Unión, la peña Benavenguts, la peña Quadrets, la peña Buscarruidos, la peña Botijo, la peña Perolers, la peña San Cristóbal, la UMA, la Societat de Caçadors, el Club Esportiu d’Alaquàs, la peña Valor y la peña Rius. No obstante, a medida que pasaron los años, se unieron nuevas peñas al concurso de paellas, como la Peña Granera y las peñas Kiowas, Wailers, Saragüells, Fideus, El Foc, Tropesó, Picoteo, Eixida, Pensat i Fet, Misèria, Fotuts, Gorrons, l'Espardenya, Politos, Canut, Ñaca Ñaca, La Kuba, Festa Sant Antoni,Més Val gràcies y más.
Este año cumplimos el 50 aniversario. Estamos seguros que el último sábado de agosto nuestro concurso popular llegará a las 170 paellas. Y un año más facilitaremos todo el necesario para cocinar la paella.
Felicidades para todos y todas. Gracias también.
Las paellas són un canto a la amistat.
El concurso de paellas es una muestra de cultura popular destinada a crear una atmósfera de amistad. A lo largo de los años, la reunión de peñas de amigos para cocinar una paella se ha convertido en una obra de arte a la amistad. Y cada año su confección se convierte en una fiesta campestre, idílica, en la que la gente se entrega intensamente a unas emociones que convierten las reuniones en un placer gastronómico y también de hermandad.
Las paellas son monumentos a la amistad que se establecen en torno a un fuego, a unos condimentos visibles y silenciosos, que ayudan a la conversación, a dar opiniones y a tomar decisiones. Todos tenemos una forma de cocinar la paella y somos conscientes que cuando lo hagamos mostremos nuestra mejor sensibilidad culinaria.
Cocinar una paella rodeada de amigos y amigas es como ver una representación teatral interesante. Todos estamos atentos a todo aquello que va pasando desde que los actores o actrices preparan el fuego, sofríen la carne y las verduras o ponen el agua al caldero... Y la emoción crece cuando se acerca el final de la obra y llega el momento de lanzar el arroz, que en el jefe de quince o veinte minutos, cuando consiga su mejor punto, el público, siempre expectante, reconocerá con emoción, con palabras bonitas, con aplausos, el éxito de aquella representación teatral que siempre es cocinar una paella.
Los ritos culinarios, la forma de hacer fuego, los comentarios sobre los productos de la tierra, los tiempos de cocción, las tradiciones familiares aprendidas de yayas y madres que siempre se comentan... nos ayudan a discernir la imagen física de una paella, pero también la parte espiritual. Las personas que cocinan las paellas son verdaderos artistas que van creando y modificando su obra hasta conseguir la imagen final que siempre consigue maravillar. Por eso, un concurso de paellas se convierte en un emblema cultural, majestuoso, de nuestras tradiciones.
Y es bonito comprobar que la imagen final de la paella cuando se presenta a todos los amigos que la compartirán es convierte en un canto a la amistad y también en una fuente de placer. Una buena paella crea todo un mundo.
Las fotografías hablan. Las imágenes sobreviven a los recuerdos.
Las paellas se cocinan para la gente y todos los que asisten a la representación culinaria expresan sus sentimientos. Así, las fotografías que hacemos durante estos momentos, las que hacen los amigos y amigas, son las que perpetúan nuestra imagen guisando, hablando, divirtiéndonos... Los protagonistas de las imágenes somos nosotros. Somos los personajes principales de la fiesta y nos emociona, y nos conmoverá con el paso del tiempo, contemplar estas imágenes y las de nuestros amigos.
Las imágenes muestran el lugar idílico donde cocinamos el arroz. También la tenacidad, la voluntad, la ilusión, la alegría de todas las personas que participan en esta aventura y las caras de satisfacción después de comer. El componente de espontaneidad es grande y son estas imágenes las que nos permiten poner cara a las personas que están a nuestro lado cocinando la paella. Estas fotografías nos aportan información sobre costumbres, usos sociales... Nos permite valorar nuestra herencia cultural popular y conservarlas es una motivación extraordinaria si consideramos también su dimensión estética, sentimental o técnica.
La exposición fotográfica que presentamos puede ser un buen momento para trabajar en nuevas propuestas culturales que comportan la conservación y estudio de las fotografías familiares o de las asociaciones cívicas.
Ante una fotografía siempre hablamos, contamos nuestra experiencia, buscamos en nuestra memoria, participamos de la imagen, aplicamos el que sabemos de las personas fotografiadas... Ante la visión de una fotografía, el pasado y el presente se conectan para todos. Además, es importante darse cuenta que el montaje de una exposición, como la presente, potencia valores como la conservación de un magnífico patrimonio cultural fotográfico que hay que proteger y difundir.
Las fotografías que exponemos hablan del concurso de paellas a lo largo de los cincuenta últimos años. Las imágenes presentes nos hacen hablar... de la amistad, de la integración, de los momentos especiales en que unos grupos de amigos y amigas cocinan una paella.
Horario de visitas: de lunes a sábado de 10 a 14 h y de 17 a 21 h
Fecha: 28 de agosto a 24 de octubre de 2026
Lugar: Sala La Nova del Castillo de Alaquàs











